Vamos 241

VAMOS [ 51 ] donde salió un genio que provie- ne de un diamante? Después de un largo silencio, el genio dijo: -¡Hola! Soy Churrukata, el genio del diamante…-dijo el genio -¿Tienes algo en la cabeza mal, Churreka?-dijo Carla -¡Soy Churrukata, no Churreka!- dijo el genio -Bueno qué importa, al final es lo mismo-dijo Carla -Si, si…-dijo el genio Después de discutir por el nom- bre del genio, el genio se inmutó, para decirles que tenían 3 deseos que él podía conceder. Había unas reglas que tenían que cum- plir: Los deseos no podían conte- ner algo sobre el amor. Ej: Ena- morarme de… Los deseos no podían ser ima- ginarios. Ej: Que aparezca un uni- cornio arcoiris. Los deseos tenían que tener sentido y que se pu- dieran hacer en ese instante mo- mento. 5 minutos después de estar pensando en los deseos, Carla gritó: -¡Ya tenemos los deseos! -Ejem… Haber… Como te lo digo… ¡Ya sé!- dijo Charrukata-Si ya los tienes, ¡dilos! -Vale, pero tranquilízate-con- testó Sam a la vez que Enzo El primer deseo era que hubie- se más animales para que pudie- ran comer o domar. El segundo deseo era que hubiese más ma- teriales que pudiesen utilizar en el día a día como camas, mantas… El tercer deseo era que ... Continuará... NUESTROS TRABAJOS Nerea Rodríguez 6º Primaria Hola, me llamo Valeria y tengo 10 años. Hoy en día, aparezco en las portadas de los periódicos y en las noticias, pero no fue siempre así. Todo comenzó hace unos cuantos meses. Mi madre recibió una oferta de trabajo en la otra punta del país, y como es normal la aceptó. Al mes y medio nos mudamos a la nueva ciudad, un pequeño pueblo al este de Reino Unido. Cuando empecé el colegio no tenía amigos, to- dos pensaban que era una turista o extranjera, tampoco sé lo que les pasaba por la cabeza. Has- ta que un día una niña llamada Diana se fijó en lo sola que estaba y decidió jugar conmigo. Al cabo de unos días me invitó a su casa, y yo acepté muy emocionada. Al llegar a su casa, me encontré un jarrón enci- ma de un estante, se estaba tambaleando y tenía toda la pinta de que se iba caer. Cuando la madre de Diana pasó por allí, como yo sospeché, el ja- rrón se cayó encima suyo. Pero algo muy extraño sucedió… Un sentido dentro de mi cuerpo despertó, y, aún no sé cómo, evité que el jarrón tocase a Tania, la madre de Diana. Hice un gesto brusco con las manos y vi que podía mover las cosas a distancia sin tocarlas. Un poco como le sucedió a Matilda en el libro de Roald Dahl, cuando Matilda le tira la salamandra encima de la señorita Trunchbull, directora horri- pilante de la escuela. ¿Qué pasaría si fuera mágica? M!ª Elena Mato 6º Primaria

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