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77 inhabitable. Tantos ratones no cabían físicamen- te dentro del espacio reducido. Se volvieron mu- cho más territoriales en un espacio que ya esta- ba desbordando con salvajes. Cuando llegaron a los 6000 ratones, nació la última generación de ratones, y después, el doble de rápido de como vino, se fue. La población cayó en picado hasta que no quedó ni un solo ratón. Ya no se querían reproducir y morían de hambre voluntariamente o se suicidaban de otras maneras. Cualquier sitio que haya después de la muerte sería mejor que aquella pesadilla. Finalizado el experimento, Calhoun pudo sacar sus conclusiones, y aunque lo consideró un fra- caso absoluto, nos vendió los desastrosos resul- tados como una advertencia. El experimento se suspendió en 1973 tras la extinción de los rato- nes. Por entonces, la población humana estaba en los 3.7 mil millones de habitantes. Hoy, 31 de enero de 2024: Las consecuencias se empiezan a ver claramen- te en muchas zonas del planeta, por lo que el final de este artículo está abierto a lo que pase de aquí a unos años. SE HAN ALCANZADO LOS 8 MIL MILLONES DE HABITANTES, CIFRA RÉCORD EN TODA NUESTRA HISTORIA El número de ratones crecía a un ritmo expo- nencial. Al cabo de pocos meses, los animales empezaron a adoptar una conducta errática. Se volvían mucho más territoriales y violentos, por lo que las batallas para asegurar su propio espacio personal ya eran algo rutinario. Los ratones se sentían incómodos, pese a que aún cabían to- dos fácilmente dentro del recinto. Sin embargo, los ratones iban mucho más a menudo a por la comida y agua, lo que resultó en peleas entre los ratones que se cruzaban por el camino. Un sin- sentido ya que los ratones mismos sabían que había recursos para todos. El miedo entre los ratones débiles los obligó a trasladarse a zonas poco pobladas en las altu- ras. Esos ratones no eran agresivos, pero deja- ron de ir a por comida y ya no tenían el instinto para reproducirse, por lo que se quedaban en su hogar la mayor parte del tiempo. Calhoun llamó a este grupo “los guapos” ya que su compor- tamiento poco territorial y pasivo los distinguía fácilmente de los demás ratones, que constan- temente tenían que luchar entre ellos de manera tonta por una supervivencia que ya tenían asegu- rada. Además de esta minoría, era casi imposible encontrar a un ratón sin una cicatriz o herida en el cuerpo. Los meses seguían pasando y cada vez el des- censo a la locura dentro de los muros del Univer- so 25 era mayor. Llegados a este punto, donde la población llegó al millar, el escenario se volvió apocalíptico. A los roedores les invadía la para- noia. Surgían constantemente conflictos entre miembros de la misma familia o bando. Los expulsaban del nido, les herían sin razón y las madres empezaban a comerse a sus propias crías y las de los demás. La superficie se volvió NUESTROS RELATOS
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