Vamos 243

NUESTROS RELATOS LA INVISIBLE PRESENCIA DE LA PRESIÓN SOCIAL EN NUESTRAS VIDAS mismos imponemos leyes, normas y conductas tan solo para poder encajar en un cierto colec- tivo. Es algo que yo atribuyo a la falta de inde- pendencia del ser humano actual o más bien a lo débil que se siente cuando no forma parte de un grupo, pues bien indican que el ser humano, por defecto, no es autosuficiente y requiere la ayuda y la protección de su especie mientras a su vez busca satisfacer sus necesidades físicas y senti- mentales. En la definición, parece algo básico, y de hecho lo fue, pero evolucionamos y nuestras costumbres se adaptan al nuevo mundo y noso- tros nos adaptamos a nuestras forzadas costum- bres, así que, teniendo en cuenta estos factores ¿cómo se manifiesta la presión social en nuestro día a día? Cómo vestimos, cómo olemos o la foto que quie- res subir a tus redes sociales. Es algo cotidiano y no es dañino hasta cierto punto, es algo de lo que todos, incluyéndome, estamos pendientes y no nos debe de importar hasta el momento de que aparece alguien que con su vestimenta, su olor y su publicación acapara más atención de la que teníamos en un momento, y ahí comien- za una pendiente que no tiene pinta de acabar. Gran culpa del auge de esta presión cae en los hombros de las redes sociales, y yo, haciendo un uso de ellas diario, soy consciente, como mu- chos, que sí hay una difusión de los supuestos hábitos o estereotipos que una persona debería tener para formar parte de un grupo, es debido al bombardeo de noticias e información que nos propinan las redes. Un error común es creer que la presión social sólo se concentra en un sector de la sociedad, pero no es así. En las últimas décadas, sobre todo desde la invención del internet, han naci- do varios colectivos entre los usuarios más jó- venes los cuales sirven de refugio para muchas personas que no encuentran su cabida en una sociedad tan compleja, y es una premisa bonita, pues por lo menos podríamos presumir de di- versidad entre nosotros, pero más allá de esto, no hay nada. Los colectivos se “odian” y se tiran unos contra los otros, o ni siquiera se odian, en- cuentran una forma de odiarse entre ellos para reforzar ese vínculo totalmente anárquico entre la comunidad. Claro que no asumo que todos formemos par- te de esto; con comunidad hablo de diferentes colectivos ya sean de mayor o menor magnitud; partidos políticos, los relaciones a la sexualidad, incluso la agrupación de fans de una serie, pe- lícula, videojuego o las personas que basan su personalidad en imitar a una celebridad. Casos, que para un sector de los miembros de estas conjuntas esta nueva forma de vida supueso una vía de escape y para otro sector es una forma de encajar, a sabiendas de que te aceptarán si repli- cas el estereotipo básico y autoasignado. ¿Quién no tendría miedo de estar solo si cada vez las personas se mueven por grupos? Pensado así, suena natural. Los humanos siem- pre nos hemos movido en manada, buscando la protección del grupo, y esto refuerza la idea de que no hemos evolucionado del todo, sino he- mos movido nuestro instinto de supervivencia a otras áreas más modernas. 85

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