De las redes sociales a la IA generativa: Modelos de negocio, efectos sobre la población juvenil, y advertencias y pautas para familias y educadores

Enrique Javier Benítez Palma (economista y especialista en entorno digital e inteligencia artificial aplicada a la infancia, colaborador honorario del Área de Derecho Público y Económico de la Universidad de Córdoba y miembro del Observatorio Sector Público – Inteligencia Artificial [OSPIA]). 

En esta tercera sesión con familias, enmarcada en la segunda anualidad del Plan de Bienestar Digital, profundizamos sobre los modelos de negocio que sustentan actualmente las redes sociales y la IA generativa, invitando a las familias a pensar en su propio modelo de mediación parental digital. Enrique subrayó tanto las oportunidades como los riesgos del nuevo ecosistema digital, cuáles están siendo las principales respuestas regulatorias y trasladó a las familias retos y preguntas, invitando a una reflexión más consciente y pausada sobre qué postura a adoptar a la hora de educar en el ámbito digital.

Nos quedamos con 8 ideas principales

  1. Para entender el mundo digital actual, ha de tenerse en cuenta que su expansión ha llevado por bandera la protección de la libertad de expresión de las personas usuarias, eximiendo de responsabilidad a los online publishers y servicios donde se vierten dichos mensajes. Este paradigma digital entronca con la nueva economía o nuevos modelos de negocio, en los que se busca la minimización de asunción de riesgos por parte de la empresa, y se efectúa una traslación de la responsabilidad a terceros.
  2. Si pensamos en el modelo de negocio de las redes sociales, vemos cómo efectivamente han tratado de trasladar la responsabilidad del contenido generado por parte de menores a sus familias. Es por ello que Enrique subraya que, a la hora de educar en este ámbito, es más importante la confianza y la comunicación que el control parental, que no deja de ser un ejemplo de traslación de responsabilidad de las redes a las familias.
  3. Asimismo, no hemos de perder de vista que las redes sociales han tratado desde el principio a los y las menores como clientes. En una primera oleada, brindándoles contenidos atractivos. En una segunda oleada, explotando sus datos personales para ofrecer contenidos a medida (perfilado). Y en una tercera oleada, con diseños adictivos basados en estudios psicológicos y de vulnerabilidad (patrones oscuros).
  4. Internet quiere de nuestros hijos e hijas: atención, tiempo y datos. A cambio, les ofrece entretenimiento, recompensas emocionales, información, reconocimiento y libertad. Actualmente, de esta economía de la atención, se está dando el salto a la economía de la intención, cuyo máximo exponente es la IA generativa, que ya nos vende publicidad a través de la persuasión de sus respuestas.
  5. Las posibles medidas a articular se organizan en cuatro niveles, según el grado de responsabilidad exigible a cada agente. De menor a mayor grado de responsabilidad, encontraríamos respuestas enfocadas a: (1) menores (autocontrol, moderación, respeto); (2) familias (educación, supervisión); (3) gobiernos (regulación): y (4) empresas (safety by design, protección a menores de edad, cumplimiento de normas).
  6. Pensando en las familias, Enrique nos ha invitado a huir del pánico moral, a través de un enfoque de reconocimiento tanto de las bondades y oportunidades del espacio digital, como de los riesgos y peligros que comporta, de manera que el foco esté en maximizar la cara A, y minimizar la cara B.
  7. Bajo este enfoque, insiste en la necesidad de trabajar con las familias ya desde primaria, pues es donde suele concentrarse el “pico de preocupación” de padres y madres. Complementariamente, invita a las familias a ser conscientes de que los móviles irrumpen con fuerza en la vida de sus hijos e hijas precisamente cuando sus padres y madres se retiran (alrededor de los 12-13 años), por lo que insta al trabajo previo, pero también a no retirarnos de ese campo de batalla con la llegada del móvil. En definitiva, nos llama a ocupar ese espacio y educar.
  8. Para terminar, Enrique nos ha invitado a las familias a reflexionar sobre qué postura queremos adoptar a la hora de educar en este terreno, en base a estas cinco interrogantes: (1) ¿vigilar o confiar?; (2) ¿respetar o proteger?; (3) ¿formar o educar?; (4) ¿dirigir o impulsar?; y (5) ¿nosotros, ellos o ambos?