Dra. Susana Jiménez: «La escuela es uno de los mejores entornos para hacer esa detección precoz de las adicciones sin sustancia»

Coordinadora del Plan Territorial de Salud Mental Metropolitana Sur de Barcelona. Jefa del Servicio de Psicología Clínica y Directora del Programa de Juego Patológico y otras Adicciones Comportamentales, del Hospital Universitario de Bellvitge (Barcelona). Profesora de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, de la Universitat de Barcelona. Investigadora de la Fundación Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge-IDIBELL.

Dra. Susana Jiménez: ¿Qué está pasando con las pantallas? ¿qué ves cada día desde la clínica? ¿hay realmente motivos para la preocupación?

Mi respuesta es sí, nos tenemos que preocupar. Aquí en la unidad de adicciones comportamentales del Hospital de Bellvitge llevamos 30 años trabajando en este tema y lo que hemos visto ha sido un cambio de perfil muy acusado en nuestros pacientes. El principal motivo de consulta es el juego de apuestas. Tratamos unos 350 nuevos casos cada año y en este momento tenemos más de 6.000 en nuestra base de datos. Tenemos una base de datos riquísima que nos permite hacernos preguntas clínicas y buscar buenas respuestas. Hemos visto un cambio radical en los perfiles. Es cierto que casi el 88% de nuestros pacientes tienen problemas con el juego de apuestas, pero si durante muchísimos años las máquinas tragaperras fueron una verdadera epidemia, tanto en mayores como en más jóvenes, desde hace unos 5 o 6 años, el perfil sociodemográfico ha cambiado, cada vez es más joven, con apuestas deportivas online, que muchas veces ha empezado con rascas. De aquí ha saltado a la puesta presencial y a otras modalidades de juego online. Chicos cada vez más jóvenes y con mayor nivel de estudios, con buena posición socioeconómica e incluso entornos familiares protectores, pero con problemas gravísimos de apuestas… y el curso de la enfermedad es súper rápido. Antes veíamos evoluciones de 5, 6 o 7 años, 10 años y ahora estamos viendo evoluciones de 1 año, con problemas muy graves y con deudas muy grandes; incluso con problemas delictivos, porque cuando están atrapados en el juego, cogen una tarjeta de crédito en los vestuarios del gimnasio de un amigo… Es realmente grave lo que estanos viendo. Vemos también chicos con trastornos gravísimos de adicción a videojuegos. Las redes sociales impactan más en población general y al menos en este momento llegan pocos a consulta. Creo que hay un impacto funcional de todas estas nuevas adicciones en los jóvenes evidente. La evidencia científica así lo demuestra. Un buen ejemplo es el magnífico estudio que habéis hecho con UNICEF.

¿Estamos ante un problema de Salud Pública?

Totalmente, no tengo ninguna duda. La convergencia además entre videojuegos y juegos de apuesta, especialmente online, es clarísima. Todo el tema de la monetización, las Loot boxes, las microtransacciones… Los perfiles son muy similares. No quiero poner únicamente el problema en la falta de regulación, pero es un gran problema. Necesitamos regulación urgente. Aparte están los factores de riesgo individuales: altos niveles de impulsividad, búsqueda de novedad, baja tolerancia a la frustración, características que suelen estar muy presentes. Incluso TDAH, entornos familiares complicados o simplemente padres ausentes, que por trabajo no pueden estar, o malos modelos. Tengo familias que me traen al chico arrastrándolo, porque (sobre todo en el caso de los videojuegos) hay “cero conciencia de enfermedad”, enfadados, con los brazos cruzados en la consulta. Con un estilo motivacional diferente intentamos hablar de lo que quieran. Y curiosamente vemos a la madre o el padre abriendo el bolso y contestando a un WhatsApp.

¿Qué les pasa entonces a esos chavales? ¿qué les pasa a esas familias?

Estamos convencidos de que tenemos que trabajar mucho más con las familias. Esa es una de las claves, pero incluso a nivel de escuela, como estáis haciendo vosotros aquí en el colegio. Me he quedado realmente impresionada. Entré en la web del colegio Peleteiro y me quedé impresionada de lo que estáis haciendo. Debemos estar todos mucho más atentos, sin duda, madres, padres, profesorado, pediatras, médicos de familia… Sabemos perfectamente el impacto que el uso desadaptativo de la tecnología está teniendo en la salud mental, emocional e incluso física de nuestros jóvenes. Es indudable, pero todo esto tenemos que aterrizarlo y hacer mucha más prevención, y desde diferentes ángulos.

¿De qué estamos hablando cuando nos referimos a las “adicciones sin sustancia”? Hay cierta confusión, se habla de adicción a casi todo, al ejercicio, al sexo, al trabajo, a las compras…

Así es. Hay que tener cuidado. Lo primero que debemos dejar claro es que para hablar de “adicción” deben darse 3 síntomas nucleares: uno es el impacto y la relevancia en la vida diaria del chico o de la chica. Tiene que haber una interferencia clara en su día a día. El segundo es la pérdida de control. Y el tercero, la persistencia en el tiempo. Luego podemos encontrar más síntomas y más criterios, pero esos son los nucleares. Por eso con las redes sociales no estaría tan claro si se trata realmente de una adicción. Sí con las apuestas y los videojuegos, como ya reconoce la propia OMS. Lo demás serían más bien usos problemáticos o excesivos, con un cierto impacto, pero no una adicción propiamente dicha.

A veces los papás y las mamás se alarman. Por el hecho de que un chaval pase muchas horas jugando a videojuegos y provoque cierto conflicto en casa, ya creemos que hay que acudir a consulta

Sí, muchas veces nos encontramos con ese tipo de situaciones. Vienen los chicos con sus padres y al entrar en la consulta se nota el conflicto. Les decimos a los padres que esperen en la sala de espera, nos quedamos con el chico, hacemos una evaluación y vemos que no le pasa nada, chicos brillantes, listísimos y que incluso tienen buen rendimiento en la escuela. Tenemos que diferenciar pasión de adicción y analizar bien cada caso y el impacto a nivel de funcionalidad.  Quizás sea algo diferente con las apuestas. Yo ahí sí que pondría una barrera. Es importante que las familias tengan claro que es diferente. En la sesión con las familias quiero trabajar bien esa cuestión, con videos y con casos clínicos. Tenemos que entender bien los diferentes problemas y enfocarlos bien, porque si no terminaremos por demonizar a las nuevas tecnologías. No se trata tanto de prohibir, sino como estáis haciendo, proteger y sobre todo educar en el uso saludable.

La demanda asistencial es cada vez mayor ¿está la sanidad pública preparada?

La Atención Primaria en general está desbordada, lo que complica que se pueda hacer un buen screening y saber si es un uso problemático o una adicción. Por lo que se refiere a la atención especializada, cada comunidad autónoma es una realidad diferente. Aquí en Cataluña apenas tenemos lista de espera, porque somos 11 unidades asistenciales y algunas como la de Bellvitge es muy grande y está muy bien dotada. Aun así, en un futuro posiblemente llegue a ser insuficiente. Quizás lo más urgente sea la formación. No tenemos formación, no somos capaces de formar profesionales al ritmo que se necesita y en esta área de especialización la formación es clave. Quizás ahora hay más sensibilidad, pero falta formación. Es frustrante además ver que muchos de los problemas que tratamos ni siquiera aparecen en los manuales diagnósticos. Igual habría que sentar a los miembros de las comisiones a ver todo lo que nos estamos encontrando en la consulta.

¿Es posible la una detección precoz?

Sí, es posible, pero volvemos a al tema de Atención Primaria. Si todo esto realmente tiene que pasar por Primaria, por los médicos de cabecera y por pediatría, va a ser complicado. Deben tener los instrumentos adecuados, la formación adecuada y sobre todo el tiempo necesario. Y ahí se deberían poner más recursos. Ayudaría si se hace también un trabajo de detección en las escuelas. En Cataluña colaboramos mucho con las escuelas en ese sentido. Nos avisan cuando se encuentran con grupos de chicos en clase, haciendo apuestas deportivas online y hacemos intervenciones específicas. Para ello es muy importante formar y sensibilizar al profesorado, para que no banalicen el problema y no lo vean como prácticas normales, sin más.

Entonces el aula, el centro educativo, es un magnífico escenario de oportunidad para hacer esa detección precoz ¿no es así?

Cien por cien. Debemos de trabajar mucho con las familias, pero el trabajo tiene que ir en paralelo. La escuela es uno de los mejores entornos para hacer esa detección precoz. Realmente nos estamos encontrando con docentes sensibilizados con lo que ven cada día y que tienen mucha experiencia en el manejo de los chicos. Con la ayuda y la formación oportuna pueden ser muy útiles en esa labor de detección precoz, porque ven cómo se duermen en clase, porque ven muchos otros comportamientos que les hacen sospechar que hay un problema, de juego, de videojuegos, de redes sociales o de lo que sea.

Y desde casa ¿cómo podemos ayudar a esa detección precoz?

Por supuesto, pero yo empezaría con predicar con el ejemplo. Eso lo primero. Dejemos los móviles fuera de los espacios comunes a la hora de la comida. Cuando estamos con nuestros hijos e hijas dejemos los móviles de lado, que muchas veces no nos damos cuenta y nada es tan importante. Debemos sentarnos con ellos, hablar, comunicarnos, practiquemos esa comunicación positiva, juguemos con ellos, escuchemos, sepamos, observemos; pero desde chiquitines, que es lo que siempre insistimos, no lo hagamos a los 15 años, porque nos van a decir que nos vayamos a paseo. Tenemos que empezar a crear un entorno de confianza desde muy jovencitos. Muchas veces tengo la sensación de que a los padres les falta información. Estamos teniendo niños en terapia grupal por apuestas deportivas online. Y los padres están invirtiendo en criptomonedas.

¿Cómo puedo saber si mi hijo puede estar enganchado a las apuestas o desarrollando un trastorno por uso de videojuegos?

Seguramente lo primero que debemos hacer es estar pendientes, porque hay cambios. Hay

Hay cambios de diferentes tipos o a diferentes niveles, en primer lugar, emocionales. Claro que en la adolescencia pueden deberse a mil cosas y que seguramente no nos lo van a explicar, pero veremos cambios emocionales: les notaremos más ansiosos, más tristes, más alterados, con malos hábitos de sueño…  Luego es detectable también por el conflicto, aunque es posible que tengamos conflicto por muchos otros temas; pero sobre todo lo notaremos por la interferencia que empieza a generar. Vemos un cuadro realmente de alteración emocional, de nerviosismo, de tensión porque no pueden dejar la partida en ese momento. Y esto no lo vemos puntualmente, sino que es un patrón recurrente, que termina reflejándose también en un bajo rendimiento académico o en el abandono de otras actividades…, cambios en los gastos, en las amistades. Jugar pasa a ser la actividad prioritaria, hay conflicto y hay interferencia, y es algo que se va manteniendo en el tiempo, no algo pasajero.


Hay síntomas, hay indicios y pautas, pero también es importante que tengamos claro qué cosas no son recomendables ¿qué no deberíamos hacer?

Las actitudes excesivamente controladoras y restrictivas no son buenas, sobre todo a una determinada edad. Las medidas drásticas no suelen ayudar. Cortarle la Wi-fi o quitarle el móvil, por ejemplo, puede dar lugar a reacciones peligrosas, porque no sabemos la magnitud del problema. Incluso a veces los padres tienen grandes dificultades para traerlos a la primera visita. Les decimos que se sienten con ellos, que hablen, que no pongan etiquetas, que no hablen de adicción, de enfermedad, de trastorno. “Oye, vamos a ver, ¿tú que piensas? No sé qué te pasa, pero no te veo feliz. Me preocupa. Vamos a hablar con alguien y si no te gusta, a los 5 minutos nos levantamos de la consulta y nos vamos los dos. Solo pídele eso. Y si hoy te dice que no, la semana que viene lo vuelves a intentar”; “igual nos dice que soy yo la que estoy equivocada y a lo mejor no pasa nada, que los tiempos han cambiado”.

Lo que recomiendo siempre es hablar. Sé que es complicado, pero no hay otro camino.
Hablar de forma cercana, en positivo, sin etiquetas y sin hablar de adicción.

 

Resumiendo, ¿qué deberíamos pedirles a las familias?

Creo que es muy importante ser buenos modelos, porque siempre nos observan. Igual no nos escuchan, pero nos observan todo el día. Por tanto, ser modelos, estar a su lado desde pequeñitos y hablar. Tratar de enterarnos, estar pendiente, jugar con ellos, saber qué están haciendo y no demonizarlos. Los videojuegos, por ejemplo, tienen aspectos muy positivos. De hecho, hay una línea de Serious Games que estamos utilizando para entrenar las funciones ejecutivas, que nos están dando muy buenos resultados. Pueden ayudar en la regulación emocional, a través de tareas divertidas y motivadoras. Conviene no demonizar, ser conscientes del impacto que la tecnología puede tener, pero sí sin alarmas. Creo que este tipo de iniciativas como la que tenéis en el Colegio Peleteiro y que estáis liderando a nivel nacional son muy buenas. Quizás a estas charlas vengan ya los padres motivados. Seguramente es difícil llegar al resto, pero debemos seguir trabajando. Las cosas están empezando a cambiar por fin, aunque siendo uno de los grandes retos de la sociedad actual.