Dr. Francisco Villar Cabeza
Francisco es uno de los principales referentes en España en la prevención de la conducta suicida en jóvenes y adolescentes, al igual que en el análisis del impacto de las pantallas en su educación, su salud mental y su vida. Es autor de libros como “Morir antes del suicidio. Prevención en la adolescencia” o “Cómo las pantallas devoran a nuestros hijos”. Es además miembro destacado de la Comissió Digitalització Responsable, del Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya.
¿Tenemos realmente un problema con la tecnología?
Bueno, tenemos un problema con la tecnología y con muchas otras cosas, pero con la tecnología en particular. Digamos que la tecnología nos ha dado muchas soluciones en muchos ámbitos, pero está afectando de una forma inesperada y contraintuitiva a la infancia y la adolescencia. Una cosa es el mundo laboral, en el que se prima la producción, y otra cosa es el mundo de la educación, en el que se prima lo que queda en el cerebro, no lo que se produce fuera. De entrada, los objetivos son diferentes. Nos ha costado entender que las mejores herramientas para el mundo laboral puede que no sean tan buenas para el mundo educativo, aunque en el mundo laboral ayuden a producir más. Ayudar demasiado al que no necesita ayuda, lo que hace es, de algún modo, incapacitarle para la adquisición de habilidades importantes para la vida. Ahora eso ya lo sabemos.
¿En el ámbito de la infancia y la adolescencia, es más lo que quita que lo que da?
Sí, sin duda, es mucho más lo que quita que lo que da, sobre todo en lo que atañe a la protección de los menores. Más allá de los posibles contenidos dañinos, la infancia y la adolescencia necesitan unos procesos de adquisición de muchísimas habilidades, para los cuales necesito ser yo el conductor de mi tiempo. Necesito aprender poco a poco organizar mi experiencia, a entenderla… madurarla, necesito hacer reflexiones internas. Debo tener la oportunidad de hacerlo. Aunque los contenidos fuesen inofensivos, si tenemos a un chico o una chica 6 horas viendo vídeos de gatitos, o vídeos de estética (ya no hablemos de vídeos pornográficos que afectan al desarrollo, o vídeos pro suicidio, o pro violencia), estamos hablando de 6 horas que quitamos del desarrollo saludable de un menor, de tiempo, experiencia y reflexión que necesita para el desarrollo de su lóbulo prefrontal. Privarle de ese tiempo cada día para su desarrollo vital no puede ser nunca positivo. Acaba teniendo una afectación… y si además los contenidos son negativos, pues doble afectación.
El tema de las redes sociales es especialmente polémico y controvertido. Su relación con la salud mental según la evidencia científica no sería todavía concluyente ¿qué opinas?
No es cierto. Tenemos evidencia científica más que suficiente para atribuir incluso causalidad. Hay estudios de seguimiento muy polémicos desde un punto de vista ético que lo han demostrado. Es más, yo a veces no sé en qué están pensando los comités de ética, cuando aceptan la propuesta de investigadores de querer estudiar la afectación de las redes sociales entre los 8 y los 12 años, con un programa de seguimiento en el cual en el grupo control están chicos sin exposición y en el grupo experimental chicos con acceso intensivo a redes sociales. No sé qué comité de ética autoriza que ese estudio se pueda llevar a cabo, si existe sospecha de que ese grupo puede sufrir consecuencias negativas. Pero se han llevado a cabo estudios de ese tipo y la publicación de los resultados no deja margen a la duda. Solo el hecho de tener un perfil abierto en redes sociales a esas edades está asociado con sintomatología depresiva. El hecho de tener el móvil en propiedad está relacionado con obesidad, con trastornos de salud mental y con problemas del sueño. Tenemos evidencia suficiente como para saber lo dañino que es, e incluso sentencias judiciales. Los jueces han condenado a Meta por estar generando todo este tipo de problemas por el diseño de sus contenidos y sabiendo lo está haciendo. Está claro que esa sobreexposición en las redes sociales implica una peor salud mental, un mayor malestar emocional y más niveles de depresión, ansiedad y somatización. Es muy importante que se diga, más allá de que la relación muchas veces también se de en el sentido contrario, de forma bidireccional. Una mayor vulnerabilidad emocional lleva a caer más en las redes sociales y acentúa los problemas. Por eso como psicólogo clínico me preocupa que, a los chicos que tienen dificultades para relacionarse, debo darle herramientas y habilidades para relacionarse. Las personas vulnerables sufren más todo, especialmente en las redes sociales, pero a ninguno les beneficia. Es muy importante identificar si ese malestar emocional es propio de las preguntas tan duras que tienen que hacerse en la adolescencia (soy normal, no soy normal, puedo amar, puedo ser amado…), de la reconciliación que debes hacer contigo mismo y con tus propios malestares. De esas reflexiones debe salir una identidad forjada con mi propia narrativa vital ¿Por qué será que hoy que no me encuentro muy bien? ¿será por lo que me pasó ayer? Todo esto es importantísimo. Es fundamental que no se refugien en las redes. Lo que queremos es identificar a estos chicos lo antes posible para ofrecerles ayuda, competencias, habilidades. Sabemos que la ayuda que reciben por el otro lado no es la más apropiada. Cuando se refugian en las redes las cosas empeoran y a veces les perdemos la pista para siempre.
Alguien que está tocando carne y hueso todos los días como tú, que está tocando fibra sensible, alguien con tu experiencia clínica, con tu experiencia vital de todos los días ¿Qué ve? ¿Qué dice?
Mi experiencia clínica es inequívoca. Yo cada mañana llego al hospital y me dicen que en la habitación X o Y hay chicos o chicas que ayer hicieron un intento de suicidio y tengo que abordar con ellos toda la problemática: de dónde vienen sus focos de malestar, de dolor, de dónde le vienen sus problemas de vinculación con su entorno. En la mayoría de los casos (aunque obviamente no en todos), todo eso tiene relación con las afectaciones que tienen a través de las pantallas. En la sociedad actual, a los problemas de siempre se han ido añadiendo progresivamente situaciones de ciberacoso o de extorsiones sexuales a través de redes sociales. Esa casuística no estaba antes. Toda esta situación de este vaciado de habilidades de los chicos/as y esta nueva casuística (a la solemos llegar tarde), ha hecho que a mí la problemática del suicidio se me haya multiplicado por cuatro, en mi propio hospital. ¿Todo esto lo ha provocado la incorporación masiva de las pantallas en la infancia y la adolescencia? No, pero el incremento en cierta medida sí. El deterioro en la adquisición de habilidades que están sufriendo los chavales por los nuevos mundos es muy claro. Aunque digan que nuestra infancia era más peligrosa que la de ahora, no es cierto. Hoy tienen muchos más focos de afectación de los que nosotros teníamos, desde el ciberacoso sexual, el exceso de presión grupal, a las nuevas formas de humillación. La humillación no se queda en lo que te ha pasado a ti en el ámbito de la escuela. Tengo chicos que han sufrido situaciones incómodas en el ámbito de la escuela, provocada por gente de pueblos aledaños, pero cuando han tenido que enfrentarse a esa situación se han encontrado con vídeos que se habían viralizado. Hoy lo tienen más difícil de lo que lo hemos tenido nosotros y eso ha sido consecuencia de nuestra negligencia.
¿Estamos en una situación de emergencia, en lo relacionado con la salud mental infanto- juvenil?
Bueno, estamos en un momento de ocuparnos definitivamente. Estamos llegando tarde… en todos los territorios, a nivel también de Europa, de Estados Unidos, en todos los sitios y en nuestras propias comunidades. La salud mental infanto-juvenil en Cataluña está totalmente desbordada, pero curiosamente en un momento en el que están cerrando escuelas porque la natalidad ha decrecido. Con un menor número de niños tenemos los servicios de salud mental más desbordados que nunca, en un escenario en el que nuestros menores deberían estar mejor que nunca. Lo cierto es que hemos hecho tantas iniciativas para mejorar la vida de nuestros menores, que es una lástima que se nos estén triturando todos estos esfuerzos. Hay cosas que pueden parecer periféricas, como el modelo de aficiones o de hobbies que tienen los padres actuales. Ahora los padres están haciendo running, están haciendo pádel, padres y madres. Tenemos un modelo de adultos en principio más sano. Se han reducido las jornadas laborales, tenemos permisos parentales un poquito más amplios. En la conciliación queda mucho por hacer, pero estamos en una situación mejor de lo que estábamos décadas atrás. El otro día estuve en una en una población periférica de Barcelona, una población que toda la vida había sido básicamente industrial, obrera… Hoy en día tiene unas magníficas instalaciones, un parque con un lago con patos, tortugas, campos de fútbol…
cosas con las que un niño podría disfrutar… pero no hay niños, faltan las niñas y los niños. Sólo estaban mis hijos por allí correteando…, y a mí me impactó aquello.
Entonces ¿qué es lo que está faltando o lo que está fallando?
Lo que hemos dicho antes: lo importante es que ellos vuelvan a recobrar su oportunidad de vivir, que vuelvan tener esa posibilidad propositiva. Hay un elemento fundamental en el aprendizaje de los niños como es el juego, que no se está sabiendo interpretar como tal. No hay que enseñar a los niños a que se aburran. Hay que permitirles que se aburran, darles la oportunidad de aburrirse y de que aprendan a gestionar el malestar que el aburrimiento les genera. Deben aprender que para salir de él tienen que hacer sus propias propuestas. Ese parque del que hemos hablado está vacío. Entonces ¿qué haces con un niño de 7, 8 o 9 años en casa encerrado, si no tienes una pantalla? Pero no es que yo tenga que hacerle propuestas interesantes a mi hijo. Yo tengo que dejar a mi hijo en un pequeño vacío, para que él me haga sus propias propuestas, para que él haga su reflexión y me diga las cosas que le gusta hacer y empezar a trabajar a partir de ahí. Fíjate en la paradoja de hoy: tenemos un elemento que podría ser entendido como positivo, que es el entretenimiento, que se está cargando el elemento fundamental, que es el juego. Los niños no se hacen propuestas de juego porque los tenemos siempre entretenidos, se agobian y nos agobia si no están entretenidos. Pero la calve es que estén entretenidos a partir de sus propias propuestas, con iniciativas que salgan de dentro de él, no de la industria del videojuego, de TikTok o de la industria de la belleza, mirando cómo se maquillan niñas, que se pasan las tardes luchando contra el envejecimiento, antes de ser ni siquiera “jóvenes”. Todas estas cosas tan lucrativas para para la industria están poniendo en riesgo el desarrollo sano de nuestros hijos.
Se dice que no hay salud sin salud mental ¿hay bienestar sin bienestar digital?
Así es, pero lo importante es lo primero, el bienestar en sí mismo, más allá de lo digital. Es como la Identidad. Los adolescentes necesitan resolver su propia identidad. Uno no puede tener identidad digital, sin tener antes identidad. Y una vez que la tengas, puedes utilizar lo digital para desarrollar tu identidad, pero nunca debe ser el pilar de tu propia identidad. Sabemos que las redes sociales desde los 9, 10, 11 años, ofrecen a los niños y las niñas una imagen mejorada de sí mismos, a través de una algo aparentemente inofensivo, como es un filtro de belleza o un Like. Eso es una mala forma de constituir su propia identidad, porque recibir todo el rato una mirada de ti misma mejorada es como decirte constantemente que no eres los suficiente como eres y que debería ser mejor.
El 80% de los niños y niñas de quinto y sexto de primaria es usuario activo de redes sociales ¿qué le dices a los padres?
Es difícil entender. Lo que le puedo decir a los padres es que no se sientan culpables de ello. En Australia han prohibido el acceso a las redes sociales para los menores de 16 años. No se han inventado nada. Lo que han hecho ha sido solo ampliar una prohibición que estaba antes en los 13, y que los lobbies intencionadamente habían puesto e los 13, pero que no se sostenía ni por argumentos de neurodesarrollo, ni de salud. Los padres no tienen la información que tenemos nosotros. Con la información que tienen, que la tecnología es un mundo magnífico para sus hijos, que es una apertura a ese mundo con de slogans con los que llevan trabajando durante 20 años, es normal que un padre ceda. La prohibición tiene una única vocación, la de proteger a las familias. Fíjate que no tiene asociada penalización ni para los chicos, ni para los padres. ¿Qué quiere la prohibición? Que reflexionemos de una vez por todas, que tomemos consciencia y que no caigamos en el error de creer aquello de que “no será tan malo cuando no está prohibido”. Lo que también les diría es una cosa: que son responsables de intentar arreglarlo. En Australia el 74% de los niños de 8 años tienen redes sociales y en el 95% de los casos son los propios padres quienes los registran. ¿Qué quiere decir eso? Que no tienen la información adecuada y hemos caído en una especie de indefensión aprendida, asumiendo que no podemos hacer nada. Hoy, por suerte, las asociaciones de pediatría y los colegios profesionales de medicina y de psicología recomiendan que no se tenga una red social hasta los 16 años y esto está empezando al fin a cuajar.
Entonces ¿hay que empoderar a las familias?
Claro, no solo podemos hacerlo, sino que debemos hacerlo. Pero insisto, ellos no son los culpables, ni los profesores son los culpables, ni los pediatras, aunque hayan tardado tanto en pronunciarse. Aquí no valen culpas. Los culpables son las tecnológicas, pero ellos no se manejan con culpas, se manejan con éxitos, con rentabilidad y con beneficios.
Si un profesional de la industria del videojuego consigue con una innovación que un niño esté 10 minutos más cada día, jugando delante de la pantalla, éste recibe un incentivo económico y la empresa mejora su volumen de negocio. Por tanto, no es un problema de los padres, ni de los pediatras, ni de los profesores. Es un “éxito” de aquellos. Su modelo de negocio se basa en conseguir que la gente esté más tiempo delante de las pantallas y no miran si son niños o si no lo son. Eso es lo que debemos reprocharles. Con el adulto no tengo ningún problema, porque pienso que los adultos ya somos grandecitos para tener criterio propio. Tampoco tengo problemas con el acceso al porno. Me da igual que exista porno, porque entiendo que cada uno puede y debe ejercer su libertad, en su conciencia. Pero niños de 8 años con acceso a pornografía, afectándole a su desarrollo natural… por ahí no debemos pasar. Tenemos que defender su vida, especialmente mientras ellos no se puedan defender por sí mismos. Pero también debemos acompañarlos y ayudarles adquirir las habilidades necesarias para enfrentarse de una forma sana a la vida.
Nos gustaría que todo esto que estamos haciendo en el Colegio Manuel Peleteiro con el Plan de bienestar digital se convirtiese en una oportunidad para mejorar aspectos importantes de la educación de nuestros hijos
Sí, esa es la idea. Yo creo que es una oportunidad excelente para reflexionar sobre las cosas que tenemos que hacer. Realmente cuando quitemos las pantallas, lo que nos encontraremos es con la vida y la vida no será un camino de rosas. Vamos a dejar de pelearnos con los adolescentes. Sin las pantallas, las dificultades las vamos a afrontar mejor, las vamos a afrontar con más habilidades. Pero debemos asumir que, si yo a un niño de 7 años no lo dejo entretenido, eso implica que tengo dos opciones: o tener más hijos para que se entretengan juntos, o levantarme los domingos a las 8 de la mañana para jugar con él.
Muchas veces la falta de atención por parte de los padres, porque yo estoy entretenido con mis cosas y estoy ignorando a mi hijo, se relaciona con trastornos de ansiedad. Porque claro, si mi hijo no está entretenido, yo no voy a poder estar entretenido y me toca lidiar con él, y se convierte en un círculo vicioso de tensiones y conflictos. Tendré que hacer una reflexión. La resiliencia es un concepto clave sobre el que estamos reflexionando últimamente, pero debemos empezar a reflexionar también sobre otro concepto como la “antifragilidad”. ¿Cómo son los niños y qué necesitan los niños? Tendré que hacer una reflexión de la adolescencia ¿Qué necesita al adolescente? Y tendré que asumir que el adolescente probablemente lo que necesita es apartarse de sus padres y, en un acto de inteligencia y generosidad, tendré que poner los elementos para que él pueda hacer aquello que necesita. Y si alguien necesita incluso transgredir, lo que necesita es límites para poder transgredir. Entonces tendré que ponerlos. En mi opinión, quitando las pantallas lo que vamos a quitar es una interferencia que nos está impidiendo ejercer como padres y vivir como familias. Sobre todo esto es sobre lo que tenemos que reflexionar.


